Sucedió una tarde en Madrid

Si lo deseo, puedo revivir esta escena a la perfección, torturándome sobre qué pude hacer para cambiar las cosas, sobre cómo debí defenderme, gritar, hacer algo. 

Pero no me sirve de nada, solo es un amargo recuerdo de una bella ciudad. 

España es hermoso, en verano excesivamente caluroso, siempre buscando la sombra, para evitar sentirme bañada en sudor, no a lo que estoy acostumbrada.

Era mi penúltimo destino en Europa, mi viaje terminaba en París, Francia. 

Recuerdo tomar ese día de descanso, querer estar en el hotel un día completo, turistear puede ser cansado, o al menos así fue para mí, no me quejo, lo disfruté muchísimo, pero por todo el viaje había querido poder nadar en una de las albercas, y la oportunidad no se había presentado, hasta el hotel en el que me hospedé en Madrid, cerca del aeropuerto. 

En el último piso del hotel, había dos albercas sin techo. 

Fui a mi habitación a cambiarme, ponerme mi traje de baño, y un pareo. 

Me acerqué al pequeño espacio donde se encontraba el salvavidas, porque él dispensaba las toallas. 

Recuerdo pensar que tenía un rostro agradable, se encontraba hablando con otro empleado, platicaban cómodamente, me acerqué, le pedí unas toallas, y la canción que estaba escuchando, aunque me dijo que banda y que canción era, no lo puedo recodar, creo que era algo popular de los 90's en España. 

Tomé mi toalla, busqué una camilla de mi agrado, y observé mi entorno por un momento. 

Con dos albercas a mi disposición, nadé en ambas, tratando de buscar cuál era menos fría, al final, ambas fueron demasiado frías, así que salí un momento para tomar el sol, conversando con unas mujeres que estaban cerca.

Mucha gente ya se estaba yendo, porque el atardecer ya estaba encima de todos nosotros.

Cuando ya no quedaba realmente nadie en ambas albercas, decidí nadar por última vez, ya que es algo que disfruto bastante, y él salvavidas y yo mantuvimos una conversación, él, curioso por la cultura mexicana, y yo, queriendo saber más sobre España. 

Él me hablaba mientras caminaba alrededor de la alberca, yo, por otra parte, le hablaba mientras nadaba.

Mi tiempo completamente a solas en la alberca fue interrumpido por un grupo de futbolistas y sus entrenadores, supongo que eran de una división menor.

Entre sus miradas incomodas y cometarios fuera de lugar, me salí tan rápido como pude y me cubrí con una toalla.

Me quedé sentada en la camilla mientras me secaba y juntaba mis cosas, para mi suerte, ellos no se quedaron mucho tiempo ahí, y se fueron. 

Ya me encontraba más cómoda, porque era demasiada testosterona para mi agrado, y me quedé platicando otro rato con el salvavidas, hablando sobre todo, música, nuestros estudios, nuestros sueños y aspiraciones.

Juntó todas las toallas en uno de esos carritos de lavandería, y me preguntó si podía acompañarlo a dejarlas, no estaba segura de hacerlo, pero me señaló que era justo al lado de la alberca, en un pequeño cuarto que tenía el conducto para poner las toallas y que llegarían a la lavandería, junto con un pequeño baño, así que me relajé un poco, ya que solo había que caminar por mucho, unos 8 metros de distancia.

Lo acompañé, y dejó el carrito ahí, mencionó sobre como al día siguiente terminaría el trabajo que le faltaba. 

Todo iba bien.

Me dijo que le gustaba como me veía, preguntó si podía besarme, le dije que sí. 

Supuse que sería un beso cualquiera, de buenas noches, de despedida, que tonta fui, supuse que podría romantizar el recuerdo de un beso en Madrid.

Después de ese beso, yo estaba lista para irme, había nadado en una alberca con cloro, tenía ganas de bañarme, sentir mi piel y mi cabello limpios. 

Volvió a besarme, parecía ser algo más inocente esta vez, pero interrumpí el beso para decirle que tenía que irme. 

Tal vez pensó que quería hacerme la "difícil", porque comenzó a besarme de forma más agresiva, me empujó contra la pared del baño, y entrecerró la puerta, sus manos estaban inquietas, las pasó por todo mi cuerpo, y yo solo sentí miedo y asco, seguía besándome y no supe reaccionar, agarró mi mano y la puso sobre su miembro, intenté quitarla pero puso demasiada fuerza.

Recuerdo decirle que no varias veces, unas de ellas ya no eran tanto en tono susurrado, o conversacional, eran ya gritos, recuerdo poner mil excusas, entre ellas "tengo que irme", "mi hermana me está marcando, tengo que contestarle" (cosa que si estaba sucediendo), "tengo que hablar con mis papás", "tengo que hacer mi maleta, mañana me voy", "tengo que ir a bañarme", decidió ignorar la mayoría y tratar de encontrarle "soluciones" a todo lo que yo le había mencionado.

Se quitó la playera sumamente rápido, y su mirada me pareció aterradora. 

En ese momento aún quería pelear, aunque con mucho miedo, y cada que intentaba meter las manos, o las golpeaba o agarraba ambas de mis muñecas con una mano, me sentí tan vulnerable.

Algo que está muy grabado en mi memoria, fue cuando intenté escaparme de ese cuarto, pasé mi pierna por encima de él, me vi en el espejo que estaba en la pared, lucía pálida, y creí que sería todo, pero me agarró del muslo con una mano, con la otra de la cintura, y me aventó contra la pared, recuerdo el dolor en mi nuca. 

Siguió con sus besos a mí cuello, recorriendo mi cuerpo con sus manos, como lo odié. 

Dejé de sentirme yo, pensar en mi o quien era, era más fácil así, empezó a ser cada vez más agresivo en todo lo que hacía, a ese punto, lágrimas recorrían mis mejillas, pero no podía sollozar, me encontraba ya fuera de mi. 

Probablemente pudo captar un poco que no tenía ganas de participar en esto, no lo suficiente, porque trató de convencerme haciéndome sentir culpable, mientras me agarraba intensamente del cabello, y me presionaba aún más a su cuerpo, diciéndome que yo no lo entendía, sosteniendo mi mandíbula con mucha fuerza, pero que él no podía quedarse así, con las ganas, porque le dolería, sosteniendo mis manos y empujando aún más sus caderas contra mi cuerpo, citándolo tan bien como mi memoria me lo permite; "deberías aprovechar que estas aquí y probar el producto nacional", "nunca me he dado a una mexicana", "ya mínimo chúpamela".

Trató de desvestirme agresivamente, o mínimo de poder mover las prendas de forma estratégica para obtener lo que quería, cada vez aventándome contra la pared, no me podía mover, sentía que cada vez me llegaba menos oxígeno, sentía que con cada segundo que pasaba, ese momento se convertía en una pesadilla lejana.

Entendía todo lo que estaba sucediendo, ya había dicho que no, incluso en gritos, ya había enlistado mis razones, las cuales ni siquiera tuve que haber dado en un primer lugar, ya había tratado de golpearlo e irme a la fuerza, parecía que ya nada importaba.

Tenía su mano en donde no las quería, dentro de mí, y comenzó a deshacer el nudo de su traje de baño.

Entre más lágrimas, temblando y sin poder hablar, se escuchó un ruido en el área de la alberca, y lo que parecía una voz ligeramente cercana. 

Se hizo hacia atrás, y me dejó ir, recuerdo su rostro, tan serio, tan decepcionado. 

Salí de ahí, tomé mi teléfono y corrí hacía mi habitación, en el camino entre el cuarto de las toallas, y el pasillo hacia mi cuarto, vi a alguien del hotel caminando al lugar del que yo huía, sabría que nada pasaría, pues era un empleado con el que lo había visto platicando anteriormente. 

Me encontraba mirando hacía atrás mientras yo seguía caminando, mirando a todas partes, llegando a mi cuarto y tratando de abrir la puerta del cuarto desesperadamente. 

Hablé con mi hermana, llorando sin consuelo alguno, sintiéndome sucia y culpable, sin poder contarle a nadie más, por miedo a que me culparan, a que me llamaran "zorra".

Me metí a bañar con mucha tristeza, con asco, tallando mi cuerpo excesivamente, queriendo quitarme esa "suciedad" de encima, no solo me dolía el cuerpo físicamente, sentía que todo dolía.

Al día siguiente rogaba por no verlo en el hotel, me aterraba la idea de verlo de nuevo. 

Creo que el miedo era más porque supongo que me dejó ir porque él también tenía miedo, pero nuestros miedos no se comparan, yo tenía miedo de que algo más sucediera, miedo a que me hiciera más daño, él tenía miedo de ser atrapado. 

Son pocas las personas a las que les he contado sobre este incidente, muchas personas que quiero no lo saben, no sé como reaccionarían, pero lo escribo porque quería sacarme esto del pecho, escribiendo esto mientras mi corazón late con gran fuerza, lo escribo porque no quiero que este recuerdo siga teniendo poder sobre mí, porque muchas tenemos una historia como la que acabas de leer, porque muchas tenemos miedo.

Si leíste todo, y quieres hablar sobre algo que te marcó, por pequeño o grande que sea, estoy lista para escucharte o leerte, tratar de ayudarte lo más que pueda, porque no estás sola, y no estás solo, ya que entendemos perfectamente que este tipo de situaciones no le pasan solo a las mujeres. 

Pd: si se siente como que a todo el texto le falta cierta coherencia, probablemente es porque lo escribí muy rápido, y quise apresurarlo porque ya no quiero sentir como mi corazón se acelera demasiado. 

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